EL NUEVO DIARIO, VARSOVIA.- El presidente ultraconservador de Polonia venció en una competición extremadamente reñida con los descontentos por la deriva autoritaria del Gobierno, cada vez más numerosos, gracias a la movilización del electorado rural y de los medios de comunicación estatales., informaron este lunes medios locales.

Andrzej Duda, que emprende su segundo lustro como jefe del Estado, fue el candidato más votado en todas las localidades de menos de 20,000 habitantes, tradicionalmente más conservadoras, mientras que el aspirante liberal Rafal Trzaskowski no logró quitarse la etiqueta de miembro del “establishment”.

Los medios de comunicación estatales como Televizja Polska (TVP) se volcaron durante la campaña a favor de Duda, alineado con el gobernante Partido de la Ley y la Justicia (PiS), una contribución que según los analistas fue decisiva para la ajustada victoria del presidente por 2,5 puntos.

Mientras que con la presidencia en manos de la oposición centrista el Ejecutivo hubiera quedado partido en dos, el triunfo de Duda -el sexto consecutivo que reclama el PiS- aporta seguridad al Gobierno del primer ministro, Mateusz Morawiecki, tanto en el plano internacional como en el doméstico.

CONFRONTACIÓN CON BRUSELAS

“La relación del PiS con las instituciones europeas se basa en la idea de que Polonia se puede beneficiar de la Unión, pero sin dejar de lado lo que considera su interés nacional,” explica a Efe Maciej Gdula, profesor de sociología y diputado en el Parlamento polaco por la formación izquierdista “Lewica”.

Desde el punto de vista del Gobierno, la victoria de Duda refuerza su capacidad negociadora frente a Bruselas, de cara a la porción que recibirá Polonia del Fondo de Recuperación europeo y de los presupuestos comunitarios.

Además, el Gobierno húngaro bajo el mando de Viktor Orbán fue uno de los primeros en celebrar la reelección de Duda, interpretándola como una derrota del “liberalismo internacional” y como espaldarazo a la postura del Grupo de Visegrado, defensores de posturas nacionalistas frente a la “injerencia” de Bruselas.

Sin embargo, Gdula pronostica que, una vez finalizada la campaña, Duda quizá suavice su mensaje de cara a Europa, por ejemplo en lo que se refiere al trato del colectivo LGTBI, para fines de consumo externo, aventurando que, como no puede ser reelegido, el presidente quizá se vuelva más independiente del PiS.

AMENAZA DE RADICALIZACIÓN

En el ámbito doméstico, el sociólogo considera que en los próximos meses existe la posibilidad de una “radicalización” por parte del Gobierno del PiS, que interpretará los resultados de los comicios como una ratificación de su línea por parte de la ciudadanía.

En este sentido, el Ejecutivo ultraconservador podría sentirse respaldado para profundizar en la controvertida reforma de la judicatura, uno de los elementos del pulso con Bruselas, y que según la Comisión Europea menoscaba la separación de poderes.

En febrero de este año, el viceministro de Justicia Marcin Warchol ya había adelantado otros cambios para reformar un sistema judicial que calificó de “bizantino”, pues, según señaló, es preciso simplificar y “aplanar” la estructura e introducir facilidades para la promoción de jueces, que “trabajan duro y son honestos”.

Ciertas voces del PiS, como el vicepresidente del Sejm (Parlamento) Janusz Kowalski, se han manifestado también a favor de una reforma del gobierno municipal -una centralización en este sentido restaría poder a las circunscripciones urbanas, feudo de la oposición- y de una “repolonización” de los medios.

En esta línea, Zbigniew Ziobro, ministro de Justicia del socio de coalición del PiS Solidarna Polska, ya adelantó durante la campaña que es preciso “cuidar los mecanismos básicos de la democracia” y evitar que algunos medios “se conviertan en empleados de campaña de uno de los candidatos”.

Tras haberse hecho con el control de los entes públicos poco después de llegar al poder en 2015, algunos expertos temen que el Gobierno pueda aumentar la presión sobre televisiones y diarios privados, a los que acusa de apoyar a la oposición, favoreciendo a aquellos con una línea más acorde a sus intereses.

SEÑALES DE DISENSO

Sin embargo, las señales de disenso dentro de la coalición gobernante, integrada junto por el PiS por los partidos conservadores Solidarna Polska y Polska Razem, han ido en aumento en los últimos tiempos.

Jaroslaw Gowin, líder de esta última formación, dimitió de su puesto como ministro de Educación en protesta por la inicial negativa del Ejecutivo a aplazar la fecha original de los comicios presidenciales por causa de la pandemia, logrando con éxito bloquear el voto por correo que propugnaba el PiS.

Una ruptura de la coalición dejaría al Gobierno sin suficiente respaldo en la Cámara baja del Parlamento, donde el PiS solo cuenta con 198 de un total de 460 escaños, posiblemente uno de los motivos por el que Duda ha apuntado a la posibilidad de una alianza de derechas más amplia.

Frente a la hegemonía casi total de la que ha disfrutado en los últimos cinco años, el PiS encara ahora una situación muy distinta, en la que el apoyo prestado por los medios estatales y el indudable atractivo de sus medidas sociales para muchos polacos apenas han permitido a su candidato un triunfo muy ajustado.

Para Gdula, el PiS es consciente de que “diez millones de polacos votaron en contra, lo que quiere decir que el sector política y socialmente crítico es fuerte”, por lo que también existe la posibilidad de que los ultraconservadores “pisen el freno” y se decanten por una política más defensiva que ofensiva.